Nostalgias

Hay demasiada nostalgia en éste espacio en el que vivo, las paredes rechinan recuerdos, cuchicheos de espantos, voces, éste olor a cedro que atrapa.

Sobre las ventanas yacen las cortinas quietas, muertas, sus uñas, su espalda de seda, sus cicatrices de sol en la espalda que me hacen su fanático, su loco.

Hay demasiada nostalgia entre cuatro paredes que hasta el olor a ti está volviendo a mi mente.

Los Almanaques

Los almanaques cuelgan en los cuartos de las casas
en las oficinas de teléfonos ruidosos e impresoras
duermen en los escritorios de los médicos
de los maestros
de las recepcionistas
pasan los treinta y mueren
no resucitan
se olvidan en los recovecos de la billetera
cuelgan
adornando quién sabe qué
los almanaques son para apuntar, tachar, borrar, volver a escribir
reescribir, llorar y morir sobre ellos
son para planear la vida
para soñar
son (digo yo)
esperanzadores
¡que se cumpla todo al pie de la letra!
la graduación
el desfile
la cita médica
la boda que no me parece
ese novio
esa novia
¡no van a durar!
tacha, borra, tacha
viene mi cumpleaños
no quiero sumar
sumar y sumar los días que me faltan para salir de ésta cárcel.
los almanaques se miran siempre
se resienten si se les olvida
llenos de apuntes
de tachones
de bodas
bautizos
de celebraciones cumplidas
borradas
cambiadas de fecha
extendidas o aniquiladas del todo.
los almanaques controlan todo
excepto la muerte
nadie escribe «2 de junio, me toca morir» no
no hace falta anotar semejante acontecimiento
para qué
si ni lo vas a leer
no podrás tacharlo
ni aniquilarlo
ni reescribirlo
estás muerto
no tienes manos
te estás pudriendo
¿para qué un almanaque ahora?
en un sitio en el que
no hay días
no hay meses
no hay paredes
no hay tiempo.

Los espacios 

Hay que darnos espacio te digo, para que mi piel no se curta tanto de ti, para que recupere su olor, su natural olor, su sal, su tono, su propio llanto.

Hay que darnos espacio para saber donde comienzas tu y donde comienzo yo, es que así tan juntos parecemos una sola carne y eso no es bueno, ya no sé a que hueles tu ni a qué huelo yo, ya no distingo, si estoy enamorado de ti o de mi.

Hay que darnos espacio para recobrar el azúcar del pelo, las sales de la piel y de nuestro cuello, hay que hacerlo, para dentro de un tiempo encontrarnos, abrazarnos, reconocer tu esencia mi esencia la de cada uno y enamorarnos te lo juro, de nuevo.

Hay que despedirnos de los lugares que dejamos atrás

¡Gracias por todo, nos vemos luego, la pasé muy bien pero ya me tengo que ir, tenemos que reunirnos de nuevo!, quizá ésta es nuestra frase más típica al despedirnos de alguien, al decir adiós después de un café, de una cena, después de compartir cara a cara, gestos, miradas, sonrisas o lágrimas, esas que florecen en medio de una conversación. Una frase que indica con pesar que viene la despedida y la incertidumbre de un encuentro futuro, en ocasiones esos encuentros tardan años y tantos años que hasta parece mentira.

“Siempre dejamos algo de nosotros mismos al dejar un lugar” alguna vez leí ésta frase y no recuerdo de quien era, lo que sí recuerdo es la sensación de certeza al leerla.Cada vez que me voy de algún lugar, me despido de las gentes y doy la espalda para marcharme, en ese momento devuelvo mi mirada unos cuantos segundos para admirar la quietud del lugar que dejo atrás. Quizá parezca una escena de película en sepia o pintada de un gris nostálgico, de esas que dejan nudos en la garganta pero no, es parte de la vida real. Y es que siento que a los lugares hay que despedirlos, que en ese momento que volteas a verlos por última vez hay que decirles adiós o un hasta luego, hay que alargarlos, admirar su belleza, aunque solo sea una puerta vieja, una reja oxidada. Hay algo de ti que dejaste allí, tu esencia, algo de ti quedará resguardado para la eternidad en ese lugar y ya no es tuyo, es de ese lugar.

Hay que despedirnos de los lugares que visitamos, pienso en eso siempre, pues supongo que si no lo hacemos, al morir, nuestras almas quedarán divagando en esos lugares de los que no nos despedimos formalmente, quizá es así como se forman espectros y almas en pena, personas que se fueron y no regalaron su esencia al lugar y ahora la reclaman y luchan por tenerla de nuevo, cuando simplemente ya es tarde para reclamarlo y tarde para congraciarnos con ese lugar del que nos fuimos y del cual no nos despedimos como él quisiera.

Escombros

No es lo dices
ni es tu furia
ni tu ademán de peinarte o tus cejas pobladas
no es tu media sonrisa
ni tus ojos café, grandes, esbeltos como una gema
¿y qué es una gema?
si no la dulzura de tus besos
no es mi sofá maltrecho
ni mis llaves adoloridas tambaleantes
no es el fondo de mi copa sin acabar
no son tus hombros en los que duermo
ni los recovecos de tu cuerpo
en los que aprendo, no
no es nada de eso
es el irremediable escombro que dejas en mi casa
cuando te vas y no me dejas nada de ti
eso es
es lo que creo.

Imagíname

Nunca he caminado por esas calles adoquinadas
adornadas con escalones plomizos
balcones con gatos
flores
humos de cigarrillo.

Nunca he estado allí
escudriñando tu piel serena
tus ojos
tu huesos del hombro
pero he esperado con paciencia
hasta que a falta de palabras me escuches.

Nunca he estado allí
perdido en tus labios
en tus manos
te imagino
y espero que me ames
que me odies
que me imagines sin conocerme
aunque nunca
hallamos estado allí.

Camisas

Huelo los textos viejos
los bordes de una taza de café
los fantasmas
las casas
los algodones usados
los plásticos del supermercado
los puños de las camisas
huelo el incienso
los recovecos del cuarto
las mesas
los cines
las lámparas sin encender
el espejo
las bolsitas de té
tu cuello
huelo cada rincón
cada espacio
cada dios
cada horizonte sereno de abril
huelo los bordes de los textos
las camisas
su llanto
y dulzura.