Los Almanaques

Los almanaques cuelgan en los cuartos de las casas
en las oficinas de teléfonos ruidosos e impresoras
duermen en los escritorios de los médicos
de los maestros
de las recepcionistas
pasan los treinta y mueren
no resucitan
se olvidan en los recovecos de la billetera
cuelgan
adornando quién sabe qué
los almanaques son para apuntar, tachar, borrar, volver a escribir
reescribir, llorar y morir sobre ellos
son para planear la vida
para soñar
son (digo yo)
esperanzadores
¡que se cumpla todo al pie de la letra!
la graduación
el desfile
la cita médica
la boda que no me parece
ese novio
esa novia
¡no van a durar!
tacha, borra, tacha
viene mi cumpleaños
no quiero sumar
sumar y sumar los días que me faltan para salir de ésta cárcel.
los almanaques se miran siempre
se resienten si se les olvida
llenos de apuntes
de tachones
de bodas
bautizos
de celebraciones cumplidas
borradas
cambiadas de fecha
extendidas o aniquiladas del todo.
los almanaques controlan todo
excepto la muerte
nadie escribe «2 de junio, me toca morir» no
no hace falta anotar semejante acontecimiento
para qué
si ni lo vas a leer
no podrás tacharlo
ni aniquilarlo
ni reescribirlo
estás muerto
no tienes manos
te estás pudriendo
¿para qué un almanaque ahora?
en un sitio en el que
no hay días
no hay meses
no hay paredes
no hay tiempo.