Las gaviotas

A media luz las gaviotas podrían extraviarse, desvanecerse entre los escombros de lo que hasta hoy ha sido la vida, los pasos, los llantos. A media luz podrían no saborear sus pupilas con la pasión con la que se debe hacer.

En la luz entera quizá sus picos sean como afilados cuchillos que destrozan sin ninguna compasión las entrañas de los otros, de los mismos, de todos, podrían ser sus ojos la suma de todas las lujurias juntas que pudieras imaginar. En la luz entera las gaviotas se ven tal y como son, con su plumaje arrancado a mordiscos por las demás y su olor a cianuro, a ladrón, a muerto.

En la penumbra, las gaviotas ya no son pillos que roban el alma y las voces, se mantienen sigilosas, disfrazadas de bondad, la oscuridad no permite ver sus ojos, sus picos, sus plumas, en la penumbra las gaviotas no existen, aunque aún puedes percibir su olor a viejo, a cianuro, a muerto