Máquinas

Diciembre no sirve para amar
sirve para recoger rencores
para despotricar ansiedades
la cena
sirve para engañarnos
para almorzarnos como máquinas las sobras al día siguiente
diciembre se empapa de melancolía
de todo aquello que no hemos logrado
ni nunca será.

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Nos dejamos morir

Desde acá logro ver un espacio desnudo en mi ventana, desnudo de la cortina de color verde agua que apenas oscurece y atenúa la luz de la habitación, algunas telarañas tapizan el exterior y se mueven con el son del viento y la llovizna. A lo lejos una montaña llora neblina y árboles de ciprés. Mis pies están helados, a ellos en ocasiones los olvido por completo. Mis oídos están alerta esperando escuchar algo que me consuele, que me detenga la furia de saber que estamos muriendo, que nos dejamos morir.

Murámonos juntos

Murámonos juntos
no en una cueva olvidada
ni entre latas retorcidas de un auto.

Murámonos juntos con muchos minutos
de odios y de alegrías
muramos de arrugas
de olvido.

Murámonos juntos en cincuenta años
porque quiero odiarte tanto
y amarte más
mucho más.

Murámonos juntos, más tarde
que necesito tu mirada
para llegar al cielo
y que me perdones.

Murámonos juntos no hoy
mañana que cumpla ochenta
que quiero vivir
odiarte y amarte
aún más.

Soñemos

Y si fuera cierto
que te estremece el alma
mi retorcida sonrisa
mis manos desatendidas
mi cama al revés.

Si fuera cierto que te pierdes
y que no eres tu
al escudriñarnos el tacto
y la voz
y el silencio
sería entonces lo que has anhelado
es esas noches largas
en las que nunca paras de llorar.

Paladar

Es más de medianoche y con mi soledad como rutina
no esperaba sinceramente que me acompañara la lluvia
ni el sonido de mi cabello cuando paso mis manos y me despeino
no esperaba ese sabor a café en la boca
metálico
eterno
helado
sangriento.