La mejor historia

Muchas veces al leer un libro
me gusta adelantarme al final de la historia
por eso me gusta besarte antes de oír tus palabras
es por eso que mis manos tiemblan de ansiedad
cuando te leo
cuando te acaricio
cuando te recorro como a un libro
el más preciado de todos
aquel que lleva por título

“La mejor historia que puedas imaginar”

Todavía (Mario Benedetti)

No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría

palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo

tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto

nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa

sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía

pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más todavía.

Duele

A veces duelen los pasos mal dados
los besos que nunca fueron y las caricias lejanas
duelen los patios
las aceras
los asientos de bus
duelen los adoquines mal puestos
las melodías afónicas
los abrigos prestados
los tiquetes del tren
la ida y venida
a veces duelen los textos mal humorados
las fotografías tan quietas
duelen las camas impecables
y las uñas bien hechas
a veces duelen las nostalgias
de haberse dolido sin necesidad
a veces duele regresar
a veces
no siempre.

 

*

Mientras tanto
pido abrazos con sabor a tienda de regalos
felicidades de bolsillo
adornos con lazos de colores sobre los recuerdos
los amores y los llantos

Mientras tanto
debería pensar en cubrir mis ojos
ante la bizarra sonrisa de un hombre de 100 kilos
arrastrando alguno que otro globo en forma de corazón

Catorce

La rectitud de los rascacielos dispersan miradas
inducen antojos en estómagos de plástico
fabrican ademanes de amor desde las ciegas vitrinas  
que complacen con maniquíes eunucos que lamentan ser tan andróginos
somnolientos transeúntes que miran con envidia y celos
vitrinas de catorce noches de este febrero maldito
ahogado en chocolate y azufre
y unos cuantos globos enfermizos en forma de corazón.