Mi plan

Tengo un plan
darle una sonrisa a cada espacio vacío que encuentre
y ese espacio puede ser tu o hasta el mismo yo
puede que tenga colores que revientan en los ojos
todo depende del pintor que le haya tocado.

Quiero también
ponerme el atuendo adecuado para efectuar bodas de aves
es que las veo y sé que andan en pecado
fornican amor en cada esquina sin bendición divina
¡pásame los anillos! están en la mesa.

En adición a mi plan te digo
quizá tenga promesas
aunque mejor prometo no prometer más en mi vida
he dado muerte a tantas promesas como bostezos he tenido
y es que los bostezos llegan, no avisan.

Este es mi plan
darle una sonrisa a cada espacio vacío que encuentre
firmo al final y me incluyo
firma tú
mira que en ese renglón también cabe tu nombre.

Anuncios

Sé que eres feliz

Hoy sé
que eres feliz
que huiste de mis brazos
para ser feliz en otros
que tu visión de futuro
fue certera
y que por eso te fuiste.

La sonrisa de tu rostro
tu abrazo,
tu cercanía a él
los meses juntos….


que eres feliz en sus brazos
y en sus caricias,
feliz
con sus ademanes
sus gestos
con su acento.

Hoy sé
que tomaste un avión de enero buscando la felicidad
aquella que yo creí …
tenías a mi lado.

La huida…
no fue buena para mi
pero sí para ti…

Te escribo
y te recuerdo
porque es mi derecho
aunque sea por última vez …

desde mis letras
desde mi cuarto
aquel que nos vio plasmar
sonrisas y llantos

desde las calles que contigo
recorrí felizmente
hoy ellas
son testigo de mi desdicha…..

ahora vives en otras calles
lo sé
ahora vives en otros brazos.

Hoy sé
que eres feliz
como creí que habías sido feliz en nuestro corto viaje
al que bautizaste “el mejor de todos”
aquel donde conociste
mil facetas de mi
y una mariposa azul decoró tu paso
y sonreías como sí fuera un sueño

las aves
las flores
¿Te acuerdas?

Te acuerdas de las tardes de fotografía juntos
de las puertas decoradas
de los museos malhumorados a los que hicimos sonreír….
de los momentos en que lloraste en mis brazos,
recuerdas las sonrisas y lo sincero que fui contigo …

Aquellos momentos…
¿Para qué recordarlos?
si eres feliz a su lado…

ayer celebré tu cumpleaños
aunque no estuvieras a mi lado…
aunque odie a los aviones
aunque la idea sea tan sólo
un evento más en este universo.

Hoy sé que eres feliz
lo vi en la sonrisa de tus labios
plasmada en una fotografía tuya a su lado…
tu sabes
tú dices
“la fotografía plasma las cosas que ya tienen una existencia”
Yo en cambio
a mi existencia
aún no la encuentro.

Invasión

Me invade la melancolía
tuya y de la mía
de esa que podemos contar juntos
y que nadie más comprende

Me toman de la mano
artilugios que no quiero ver
que se desprenden desde mis pestañas
y juegan a caer en mi pecho

Me invade la melancolía
y la música
la lluvia
y las fotografías
la acrecientan

Vocación

Me dedico al silencio
a charlas propias
al susurro de la lluvia
y a llorar a tientas
a corregir colores
a morder espejos
y acariciar ventanas
a comer de pie.

Me dedico
a doblar en esquinas e imitar sonrisas
a rezar a un ángel
y a asustar demonios
a golpear madrugadas
y contar dedos
a morderme las uñas
y olvidar el paraguas.

Me dedico
a pagar los daños
a pulir zapatos
a anudar corbatas
y maldecir aviones
a bendecir tus fotos
quemar pestañas
y abusar de tu sombra.

Me dedico al silencio
ciertamente
me dedico al silencio.

ce648-1231200_153031671561875_807715749_n

El timeline de mi vida

“Yo no me quiero quedar encerrado en la casa, porque ahí uno se atrofia y se muere” 
Así inició nuestra plática, por un lado, Yo en el asiento trasero y el protagonista, en el volante, un señor taxista con el cual viajé hace algunos días. Me contó que tenía 78, se notaba en sus brazos, en sus orejas grandes, en sus arrugas, pero esos años se camuflaban en la grandeza de su energía y vivacidad. Lo quiero llamar Alberto, porque me parece que tenía cara de Alberto. 
Decidí pensar que ese señor era mi Yo del futuro y que su madrecita, la cual había muerto hace apenas un año a sus 101 años de edad, era la mía. El tema de la muerte salió a flote en medio de las presas y las calles de San José, inmediatamente don Alberto comenzó a llorar, por su madre claro está, a la cual había perdido, fue un llanto de niño, un llanto de amor, prácticamente sin lágrimas pero claramente con la voz entrecortada me dijo, “soy un egoísta, yo la quería tener más años viva”, con don Alberto la conversación duró los 2 km que recorrimos. Me despedí, pensando en cómo será el timeline de mi vida de ahora en adelante.