La Cita

Aquella tarde en el columpio

fuimos dos niños soñando en silencio
mis pecas revoloteaban en mi cara
y tu sonrisa parecía el mejor acontecimiento del siglo,
corríamos por las calles pedregosas
reíamos recostados sobre cualquier césped
y le buscábamos formas extrañas a las nubes,
abrazados bajo la sombra del viejo árbol
que resguardó nuestro primer beso
del sabor de aquel helado que compartíamos.
Veinte años después nos dijimos
“repetiremos este momento”
y quizá hoy no te acuerdes
pero ya fueron veinte veranos como aquellos
no he sabido nada de ti desde aquel día
espero aun conserves aquella hermosa sonrisa
puesto que mis pecas cayeron de mis rostro ya hace tiempo.
Busco sin fruto la pequeña heladería del pueblo
y en su lugar encuentro un supermercado
(espero que aun te guste el veteado de chocolate),
me apresuro porque ya va a ser la hora
y como aquel niño de pecas en la cara
como en aquel momento mágico
sostengo en mis manos
dos frondosos conos de helado.
Me encuentro con aquel columpio
testigo mudo de nuestro momento,
que aunque viejo y oxidado
aun sostiene a mi cuerpo,
cruje como quejándose.

Miro aquel césped crecido y descuidado
levanto la mirada y el sol me abofetea sin piedad
me doy cuenta entonces de la ausencia de aquel viejo árbol
en su lugar un retorcido poste del alumbrado.
Pasados los minutos
meciendo mis recuerdos
se escurre ahora el helado por mis codos
perdiendo la batalla ante aquel sol abrasador
ya no es la misma brisa del campo que alimentaba tu sonrisa,
me doy cuenta de que nada es lo mismo
que de seguro
ya no te gusta el veteado de chocolate

Siluetas

Los cables negros y desordenados

son ahorcados en calles ansiosas y malhumoradas,
de vez en cuando acarician siluetas
que reposan en sus espaldas.

Los cables negros y desordenados
agonizan en una calle sucia y fría
en la que aterrizan cigarros y hojas marchitas
que dejaron morir bosques

Los cables negros y desordenados
raptan mensajes sin destino
fabrican preguntas sin respuestas
acarician postes
y solo dejan siluetas

No hay muerto malo

Cómo que murió, tan bueno que era el pobre, todavía me acuerdo cuando arreglaba zapatos y no cobraba ni una peseta…..

…. que Dios lo tenga en la gloria.

Aunque fue bien confisgao, dicen que allá en San Antonio tenía como tres queridas el bandido, yo no sé, a mí sólo me contaron. Tan bueno que era.

Las botas

Vea mocoso que si no va a la pulpe agarro un chilillo y le doy, ¡venga rapidito!, usted cree que tengo todo el día, confisgao este, no ve que el piso está bien sucio por su alma y ocupo la cera. Ah, y no crea que va a llegar a jugar, apenas pase yo la cera usted va a pasar la pipa, y le va  sacar buen brillo, tiene que quedar como un espejo oyó,  y dios libre cuando llegue se le ocurra entrar con  los zapatos llenos de barro colorado porque coloradas le van a quedar las nalgas. Ya me tiene harta este temporal, seis días y nada que se quita. Pero bueno ¡vaya, vaya!, ¡apúrese!, de paso me trae una barra de jabón azul oyó, y dios guarde apunte algo fiado en la pulpería porque yo hablo con don Martín y si me dice que pide fiado le vuelo con la faja, vaya, póngase medias para que no le chimen las botas.

Prefiero

Prefiero que rías conmigo

que dibujes arbolitos llenos de frutos
y hacer guerra en el césped.

Prefiero no dejar de reír aunque muramos
que el sol me espere hasta mañana
y que la luna me dé palmaditas en la espalda

Prefiero un arroz con leche preparado por mi madre.

Prefiero un domingo aburrido que de guerra
y mil veces las palomitas de maíz al caviar
prefiero hacer filas interminables para tomar el autobús
mientras pienso en mi día y en el tuyo
prefiero lavar la ropa y tender mis sueños junto a ella
prefiero la compañía de mi perro a la de un ser humano hipócrita
Prefiero el veteado de chocolate
siempre y cuando
estés tu
lo prefiero