Despedida

No me gustan las despedidas
y lo sabes,
nunca te he dicho hola,
ni adiós,
no te he dado
ni los buenos días,
ni las buenas noches.

No me gustan las despedidas,
pero hoy he decidido
decirte adiós,
alejarme lo más que pueda de ti,
y dejar atrás
tus consejos vanos de una vez por todas.

No me gustan las despedidas,
y lo sabes,
pues me conoces tan bien
como yo a mí mismo,
pero debo dejar de verte
para siempre.

Y no me duele la despedida sabes,
porque no extrañaré para nada
esas mañanas
en las que me atacas sin compasión,
con esa cara que da odio,
ni mucho menos
extrañaré las noches
en las que religiosamente me juzgas hasta desatar mi ira,
esa que me lleva al desvelo en mi cama.

Lo siento,
no hay más,
es definitivo,
aunque llores,
aunque rías,
aunque te asomes,
aunque te parezcas a mi,
aunque tengas un amago de sonrisa,
aunque ocupes de mi para vivir,
debo decirte adiós,
has cambiado,
ya no eres la misma persona
con la que me topaba de niño,
con sonrisa perenne
y pecas inquietas en la cara.

En definitiva
debo alejarme de ti,
te encontraré de vez en cuando
lo sé,
pero a tientas,
peinare mi cabello por las mañanas,
y recordaré mis primeras arrugas,
juzgaré por su cara a la gente
y no por si la combinación de su ropa fue la perfecta,
ya no te pediré más ese consejo,
de todos modos
siempre fuiste solo un espejo
en el cual me reflejaba
cada mañana

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