Fábrica de envidias

Soy de los que cree que un centro comercial es una fábrica de envidias, o al menos un lugar donde se incita a tenerlas, basta con ver a los dependientes vestir como cual maniquí de escaparate y lucir como suyo lo que es prestado. No falta la señora que entra en una trattoria haciendo cálculo de pesos en sus bolsillos, mientras mira de reojo el plato de la mesa de al lado, y pide lo mismo, al doble.

Siempre me han parecido fábrica de envidias, los escaparates, los anuncios que te llevan a comprar a tu hijo un combo de comida rápida con el muppet de moda, simplemente por el deseo suyo de tenerlo en sus manos, al siguiente día el muñeco morirá olvidado en el fondo de un cajón, cual fosa común nazi.

Hermosas modelos que venden felicidad con sonrisas espasmódicas, aquellas que dejan escapar cuando quitan sus zapatos tortuosos y rompen su maquillaje para descubrir que han dado muerte a ballenas que nunca conociste.

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