Alma egoísta






Hoy por la tarde salí de mi casa, junto a mi abrigo  y un puñado de monedas en mi bolsillos que desbalanceaban mi rumbo,  me topé con la lluvia, iba corriendo, y las gotas se acomodaban sobre mi pelo, mi cuerpo y mis anteojos, cada vez se me hacía más difícil divisar mis pasos, los charcos y los autos, de pronto me vi doblando en la esquina, esa que está cerca de la panadería del barrio, y me encontré con una niña, leve, acurrucada en el piso mohoso y resbaladizo, sollozaba, temblaba de frío, de hambre, con sus cabellos malheridos y su sonrisa apagada.
Olvidé por un momento cual era el motivo por el cual yo corría, empapado, paralizado de pronto, con un nudo en la garganta, y mis ojos, gobernados por del agua de lluvia creo yo, recordando al mismo tiempo mi mesa, mi abrigo y aquel cálido café que tan solo unos minutos antes había tomado y que aun recorría por todo mi cuerpo y la niña allí, sollozante, con sus pies descalzos y sus cabellos malheridos.
Pasé de cerca y me conmoví, pero mi cuerpo y mis pies egoístas solo me indicaron que aligerase el paso.
Horas después de esta lluvia, aun empapados los pies y mi pelo, ya no me sabe igual el café recién preparado, ni el postre, ni correr bajo la lluvia, sentado en mi mesa, odiando a mi alma egoísta, no creo volver a disfrutar de la lluvia en las tardes de abril, como antes.

Mi ventana

Abrí mi ventana y estabas allí,
con tu piel erizada,
abrazando al frío de la noche
con tus ojos densos y derramados.

Aquella ventana,
que nos dio los encuentros
más prohibidos y felices
y estabas allí.

Abofeteando a la luz de la luna,
dejando tu aroma a merced del viento,
abrazando al frío de la noche,
soñando.

Un horizonte azulado,
pintando un cuadro exquisito para mis ojos,
pinceladas en tu espalda y tus hombros,
en silencio,
como quien quiere lo eterno.

Medianoche

Voy cayendo a medianoche en tu almohada
destilando mi sed en tus labios
entretejidos mis dedos con los tuyos
bordando cada esquina de tu lecho
acariciando los dulces fríos de la madrugada
entre el silencio de los arrogantes
amaneciendo
borrando heridas
con la dulzura de tus ojos.

Voy cayendo en tu almohada
y me llega el silencio
el olor de tu cuerpo ausente.

Algunas veces las cicatrices nunca se van
algunas veces las lágrimas dicen
todo lo que tienen que decir.

 

Oscuro

El grafito se quiebra en el papel
pensamientos atroces se hunden en aguas profundas
flotan los fantasmas sobre tus hombros
y revolotean alas de seres extraños sobre tu cabeza.

Aparecen los júbilos de otros que nadie recordará
las rodillas tiemblan
los brazos se tornan pesados y torpes mientras caminas.

Sobre las orillas del lago se oyen gemidos
y un extraño de noche te habla
sucumben tus ansias por correr
cada palpitar de tu corazón te asusta
no sabes si lograrás escapar de tus infiernos
de tus ademanes delatores.

Se mojan tus pies al caer en tierras pantanosas
el lado oscuro de la luna se hace visible
tiemblas de nuevo
corre y desangra cada camino
cada especie ajena y repugnante

Sucumben tus ansias de salir
y lo ves cerca, a un paso, lejos de la oscuridad