Lo diferente

La diferencia entre
el correr y caminar,
es que en la una
logro sentir al viento en mi rostro
y en la otra
me cuesta respirar sereno.

La diferencia entre reír y llorar,
es que en la primera
me pongo serio antes de hacerlo
y en la segunda
hay un explosión de muecas en tu rostro.

La semejanza entre los colores
la expresa el pincel que usas
y el movimiento de tu muñeca.

Lo diferente de los aromas
son tus sabores eternos.

Lo distinto del cielo,
me lo dicen
tus sueños
y tus versos.

Lo valioso de todo
lo guardo en la imagen
que provocan
tus ojos en mi
.

La cena

Un mantel rosa

     una gota de tu voz

        tus ademanes
          olor a vino.
Una nota
     que repica en mis sienes
         dos platos servidos
          una vela encendida
              el recurso de tu sonrisa
                 y un ¡Sí!

La tarde

Hoy no habrá ni amor ni odio

no habrá pequeños detalles por resaltar
ni cornisas por decorar
no te mostraré aquel cielo estrellado
ni al sol.
Moriré en la espera
y el verano será el más oscuro de todos
con el sol en el ocaso me recostaré igual que él
dócil
leve.
Me dejaré llevar por el canto de un grillo
y ese trago de ron recorrerá mi mente
reposarán en el piso un par de botellas vacías
y en mi vientre
el recuerdo de un suspiro
de tu cabello.
Escribiré mas cartas lo juro
con tinta indeleble
con llantos camuflados entre los renglones
doscientos de ellos
unos cuantos más quizá.

Eco

Que el murmullo del viento me detenga,

para reconocer el llanto de los pobres,
que la sombra de aquel viejo árbol me cobije,
para volverme loco.
Que pase tu mano sobre mis sienes,
y que terminen los atardeceres inhumanos,
incansables,
que me recoja como un niño,
seca mis lágrimas,
anda.
Que se acumulen cristales en la bañera,
y revoloten duendes azules entre las paredes mohosas,
que se termine el llanto de los pobres,
que me detenga el viento a su paso.
Imagino mi alma sobre tu pecho ….

Que descubra
cada recoveco de tu cuerpo,
que me dé el sol en la frente
y que me recuerde a ti.
Y me acurruco como niño…..

Desvanecidos los pasos,
los últimos,
al final del pasillo,
con ecos interminables.
Que me detenga el murmullo del viento,
para saber que estás allí,
al final del último eco,
ese que rebota
dentro de mis sienes
y en tu bañera.