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Si termina tu año
no te abandones

sonríe a las huellas
que dejaste atrás en tu camino.
Si termina hoy tu año
sonríe te digo
deja que el viento rasgue tus recuerdos
y toma el hombro del que va adelante.
Si terminara mañana tu año
avísale que ya va llegando su hora
y que empieza la tuya.
Y si ya terminó tu año
guárdalo en un cofre de tesoros
porque nunca más
estoy seguro
será un año como este.

Ayer (Crónica de un segundo encuentro)

(Martes 23 de Dic. 2009)
Ayer, lunes veintidós me di a la tarea de hacer un viaje al volcán Irazú, buscando qué se yo, quizá un tiempo a solas en lo más alto de la montaña, respirar su aire, dejarme llevar por el viento y detallar cada cosa que encontrara en mi paso y por qué no, tomar bastantes fotografías.
Ayer, sin tanto quererlo y sin mucho pensar, emprendí el camino y decidí hacerlo de la manera más sencilla y barata, tomando un autobús hacia la cima.

Y es que después de un año de bullicios en la calle, de presas interminables, de carreras por las mañanas, necesitaba, ¡Sí!, realmente necesitaba encontrar un momento de soledad, de majestuosidad, del canto de las aves y de la brisa, un momento que marcara mis días.

Ayer fue un día como ninguno, a pesar de que en los anteriores el frío y la lluvia empapaba los techos y hacía tiritar a la gente, ayer estuve sobre las nubes, el sol irradiaba dejaba ver los matices de colores sobre la montaña que la hacían cada vez más inspiradora, las aves, las flores, todo cuanto podía observar también.
Y a la hora de regreso, satisfecho, tomé el autobús de regreso, sin percatarme de que iba a obtener un segundo encuentro, ese que me hizo escribir ésta crónica, similar a aquel encuentro que tuve en una acera de la capital.

De camino bajando la montaña y cerca del famoso Sanatorio Durán, un señor entrado en años pagó su pasaje, subió con gran esfuerzo y saludó cordialmente a todos los presentes en el autobús, sin ni siquiera pensarlo escogió de entre tantos asientos vacíos el espacio que estaba a mi lado, saludó de nuevo, ésta vez mirándome a los ojos y con un fuerte apretón de mano, al verlo supe que sus ojos grises tenían maravillosas cosas que contar.

Su andar era ayudado por un bastón cuyo mango tenía la forma de un perro según me pareció, y según me contó fabricado por él mismo con sus propias manos. Un semblante de campo, una voz aún firme y unos ojos ya grises que me recordaron a mi abuelo y que me inspiraron una confianza inmediata.
-¿A que hora trepa este bus? preguntó
-no sé señor, yo no soy de por aquí
-Ah, ya veo. (contestó él amablemente y con ganas de conversar más).
Tomó un nuevo aire y me dijo:
-¿Andabas de paseo verdad , en el volcán?
     -Sí, señor, estuvo muy bonito (contesté yo con mi cámara en mano)

-Vos sabes que yo vivo en sus faldas y tengo más de cuarenta años de no visitarlo.
      -De verdad ¿ y eso porqué?
-mmm pues no sé, ya no me nace (respondiendo con cierta intriga y como con desinterés)
Así comenzó aquella nuestra conversación tan amena y de aquellas que recordaré por siempre… y prosiguió diciendo con una voz suave y sigilosa:

-Yo fui uno de los primeros en llegar después de la gran erupción del 63, y vi la gran fuerza que tiene ese volcán…-Pero nunca me ha gustado el periodismo.
Me describió lo que pasó aquella vez, me dijo que llovieron cenizas sobre los potreros y su ganado, que goteaban rocas tan grandes que hasta podían matar a una vaca, dijo que eran tan grandes que se incrustaban en el suelo del camino y que gracias a Dios él no había muerto porque estuvo realmente cerca, seguidamente me volvió a decir;
– Pero a mi, a mi no me gusta el periodismo….

Entre anécdota y cuentos, sonrisas y carcajadas, cada vez me maravillaba más por su relato. El camino cuesta abajo se me hizo más y más corto, mientras el señor recordaba sobre la tragedia en el Río Reventado y me repetía:

-A mi siempre me han preguntado por sobre todo esto, pero a mi, a mi no me gusta el periodismo.
Y sin más, al llegar a Cot de Cartago, cambió de mano su bastón y estrechó su mano libre contra la mía, con más fuerza en comparación a su llegada, como de amigos, se despidió diciendo:
-Dios te bendiga !!!que te vaya bien!!!, ahí nos vemos algún día……
De pronto, me encontré sólo en el asiento del autobús, con un espacio vacío al lado, pero con algo enorme mi alma. Me dí cuenta, de que el propósito de mi viaje se había cumplido, me dí cuenta la razón por la cual este señor no había vuelto a visitar el volcán, lo tenía todo, sin necesidad de visitarlo lo conocía más que cualquiera. Y ese día me regaló un poquito de lo que sabía y sentía a mí, un completo desconocido.

Fue allí comprendí el significado de esa frase que me repetía constantemente. No te gusta el periodismo, no te gusta el protagonismo, pero allí estuviste siempre como personaje principal de cada historia.

Llegué a mi casa a descansar y al día siguiente me desperté de madrugada con la ansiedad de escribir lo que viví, no podía dormir con este relato dando vuelta en mi cabeza y sin pensarlo me levanté a plasmar esta historia.

Sin saber los nombres de uno o del otro, los sabemos que la alegría de ese encuentro se repetirá aunque sea más arriba de las nubes.

-Ahí nos vemos, algún día, estoy seguro.

Hoy me di cuenta que….

Hoy me di cuenta de que lo que cuenta es….
oir a mi alma ansiosa por salir a pasear
que se congele mi sonrisa
que me abrace tu piel y que me haga una llave al cuello
que no me mate pero que nunca me suelte
Hoy me di cuenta de ….
que nunca quiero llegar a ser como el abuelo
que rezar por su alma y su espíritu en vilo
es lo único que puedo hacer
Hoy caí en cuenta que…
puedes mirar a las estrellas sin culpa
de que eres libre de escribir lo que el papel aguante
que te de la medianoche paseando
Y hasta hoy me di cuenta de
que la luna está llena, brillante
del frío de diciembre
y el rico aire que sopla
Y hoy mi alma salió a pasear
y te mandó una invitación
ojalá que te llegue a tiempo
antes de que se descongele mi sonrisa
antes de que deje la luna de brillar
Hoy me di cuenta de…
que me encanta el abrazo del frío y el tuyo
hoy me di cuenta de…
de que mi alma sonríe
y se refleja el brillo de la luna en tus ojos.