El Sabanero y yo aquí

Una calle empedrada
cubierta con hojas del color del sol
que cayeron con sus ojos vendados
con miedo a un aterrizaje desconocido
sombras que caen sobre las piedras
y que callan el descanso de un sabanero
que frota sus manos con esperanza
y regala una sonrisa de confianza a quien pase a su lado.
clavando su mirada en el horizonte ondulante
dejando infinitamente que el mundo sueñe con él
apretando el brazo de su mujer
como para no dejarla escapar.

Ella, un ángel que despierta por las noches
con esperanza de un sentir dulce entre sus ropas
creando dulzura de la nada
anhelando imposibles para un sabanero
duro y espinoso como arbusto del campo.

Y el sabanero aquí
y su piel como el tizne de un madero quemado
su acento distinto entrecortado
quizá por el cosquilleo de un trago de coyol y sus fantasmas
sus pensamientos se diluyen entre mitos del pasado
conociendo al cerro cada día más
surcándolo casi a tientas
aún con el acoso de las espinas y serpientes en resguardo.

Y yo
lleno de encanto
ajeno a la vista de muchos
usurpando la tierra que no es mi tierra
conociendo cada rincón de este lugar
que me abraza con sus momentos mágicos
así como caen las hojas del árbol
dejo caer mis brazos
recibiendo las miradas acusadoras del sol
para que me queme y me espine
para recordarlo cuando venga mi partida
para extrañarlo.

escrito en: P.N. Barra Honda, Guanacaste. 2004

Pensamiento atroz

Ahora piensas
degollando cada nueva idea de tu cabeza
saltan sobre tus hombros los rizos del olvido
y se derraman tus ideas suicidas

Piensas y te recuestas sobre tu lado izquierdo
que la gravedad te mate
remolinos que se forman en el valle de tus sienes
y un mosquito se posa sobre tu pedestal
sin que lo determines

Te animas a pensar
y el miedo carcome lentamente la cutícula de tu olvido
destellos de aquellas miradas
que se derraman sobre tus ideas suicidas

Atrapados

Atrapado mi mundo
en tu ambigua existencia
doblegas mi carne en trozos
docenas de gemidos
y retienes mi aliento

Me recetas un sopor fétido
y lo convierto en aroma divino
no vuelas
atrapas tu alma en la frescura de tus ojos
y te pierdes en retorcidos ademanes

Atrapado en tu mundo
me da el frío en la espalda
¿donde está el suelo?

Levito entre sabanas y suspiros
resbalo y me levanto
¿donde está el cielo?

Quinientos

Te resbalas en esquinas mohosas
moldeando tus penas con escupitajos de otros
pisoteas tus deseos
mientras abanicas doscientos pasos apurados.

Revolotean hambres en tu vientre
y se desquebrajan tus uñas
sobre tus pieles de cuero crujen
y se maldicen tus pensamientos.

Recitas un cuento viejo como excusa
se adormecen tus rodillas
juegas a hurgar tus bolsillos
solo para despistar el revoloteo de tus entrañas.

Se escapan tus miradas sobre las escamas de tus inviernos
ya tus escalofríos no revientan en besos
te resbalas en esquinas mohosas
ya son quinientos.