Noche lenta

Cada segundo de esta noche es eterno

cada trazo de mi escritura

mi pulso y mi letra

la tinta azul

y mi mente perdida esperando.

Un insecto recorre mi brazo

su geotropismo

su marcha lenta y sincronizada

noche lenta, muy lenta

como tus dedos de arena que se deslizan entre los míos

lenta como la brisa que despeina mis sentidos volátiles.

Camino de escarabajos y de conchas

y el reflejo de una luna llena

sumergida en la bravura del mar

doncellas

sirenas danzantes

y tu arena en mis manos

olor a mar eterno

sonido de una brisa colmada con un cigarrillo

un evento en las flores en tu jardín de arena.

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Destello Eterno

Despierto y andas rondando en mi universo

fue una larga noche lo juro

en donde los espíritus

resguardaron cada rincón

cual luciérnaga extraviada bajo cuatro paredes

presumiendo su energía en acrobacias destellantes

mágicos y pequeños lapsos de oscuridad que trato de atrapar 

se desplazan en mi habitación

inalcanzables para mi

yo solo reconozco tu respiro

el único apoyo de mi alma en tu posada.

Viaje Urbano

La gente
y en cada parpadeo suyo
se esconde un pensamiento profundo
dócil,
leve,
sentado junto a ti,
o junto a él,
o junto a ella
como lo está un taxista a su carro rojo,
esperando a su mejor cliente.

Asientos en fila
tratando de ordenar
a desconocidos que abordan en silencio,
estrechos asientos por cierto,
entrañas que crujen
y que se confunden con el sonido
de las monedas en tu bolsillo.

Y al paso del autobús,
comienza una danza de cabezas y cuerpos,
todos
pensamientos desconocidos uno de otro,
bailando,
al fin juntos,
añorando un accidente
para evitar lo cotidiano.

Comparto con desconocidos
sus miradas
y esa emisora de radio que no quiero escuchar más,
unos leen,
otros hablan de fútbol,
otras meditan,
no sé que meditarán
pero claramente
puedo ver un rosario en su manos.

Y todos pagamos
por este viaje,
un viaje que nos parece un segundo
si nos aleja del hogar,
pero se transforma en eternidad
cuando se trata de acercarnos.

El humo,
el autobús rechinando,
cuerpos bailando al son del camino,
como lo hacen los árboles
y el viento allá en el campo,
pero sin humo.

Hoy parece bonita la noche,
ojalá nos repare algo,
quizá un amor,
uno nunca sabe,
o quizá
solo un viaje cotidiano..

Duermo y despierto
por la melodía de un teléfono celular
y el timbre de parada solicitada,
regreso a mi viaje,
pensando,
y vuelvo a mi viaje
casi terminado.

Momentos de Ciudad y de Campo

Cañones de una guerra
que nunca ha existido
y un caudillo olvidado
inmortalizado en bronce y granito
mientras un indigente
saborea el plato del día
en una esquina enmohecida.

Un trueno casi mágico
en el momento indicado
para que con furia
saltes a mis brazos
y que con su estruendo
la luna deje caer su resplandor
como caen las hojas de
los viejos higuerones en el parque.

La ciudad se inunda
con los llantos tenues de sus transeúntes
disimulados y ajenos unos de otros
forman vida entre el hormigón y el acero
entre el neón
y su reflejo atrapado en un charco
entre el respiro de la ciudad
en la noche.

Un camino adoquinado de incertidumbres
y un peñasco
que parece caer dulcemente
sobre una vitrina cercana
quebrando cada luz
de las luciérnagas a su paso
desmoronando cada hoja de aquel árbol
que ya nunca verá
a la oscura noche del campo.

Me alejo de la ciudad
y camino descalzo
cada curva de esta calle polvorienta
me hace sentir la forma de su empedrado
azaroso el camino
doblegando
cualquier formación de hormigas
perfectamente alineadas
cual ejercito humano.

Incierto

Se cuela el frío por la ventana
taciturno andante en este destello de nubes oscuras y férreas
donde el dominante viento te cala en la médula
y eres uno de sus discípulos.
descarga el frío en tus entrañas
y recoge el océano con tus manos
que lo guardes en tu bolsillo
y que se escurra por tus dedos
arrugas visibles en tu rostro remojado
y la lluvia que se revuelve con el encanto de su sal serena
y el llanto que recorre hasta tu bolsillo
donde se encuentra guardada la eterna brisa del mar
en donde las gaviotas se vuelven ciegas
y recorren un rumbo incierto
y tú
debajo de este destello de nubes
corres con los brazos abiertos
con los pies descalzos
desgarrados hasta los tobillos
tratando de abrazar la más sutil y deliciosa brisa del norte.
cierras los ojos y miras
haces muecas así
lloras de nuevo
sientes que se acaba el mundo
que renace tu cuerpo enmohecido
y ríes
y lloras así.

La Espera

Quédate donde estas,
que tu sombra deje su huella en la pared,
que el olor de tu cabello se enrede en telarañas
que te han esperado durante siglos,
ondeando te libras de ellas.

Dejas cálida una espuma de cenizas y esperas ya olvidadas
sales y caminas con tus pies desnudos por lugares polvorientos
poniendo el talón primero y el resto después
lento, como quien espera una púa en su piel y el dolor.

Y arrastras tu andar, sin mirar,
como quién espera un traspié,
que el mundo se reduzca a un solo sonido,
pues no te gusta lo que el viento trae.

Quédate donde estas,
que el polvo suba por tus talones y te derribe,
que el hormigueo en tu piel te haga brincar de furia,
miras y no vuelves,
lloras desprendiendo un poco del polvo encarnado en tu piel.

El llanto sigue recorriendo tus codos adoloridos,
y ahí estás,
entre el polvo enrarecido y el llanto,
doblegando cada articulación tuya,
levantando la mirada a media altura, no tanto
porque lo único que esperas y anhelas es
que las aves dejen de mirarte acusadoras.