Verte

Me invade el deseo de abrazarte y que esta escena de la película no cambie, el deseo de generarte cosquillas con mi barba y que te conviertas en espuma suave que resbala por mi boca, me invaden las ganas de abrazar tu boca en un beso y que te levantes varios centímetros del suelo en un vuelo que hacemos juntos, me invade la Plácida calma que tienes al dormir y que no me interrumpan la vista ni el cansancio ni el sueño.

Nostalgias

Hay una especie de viento nuevo que pega en la cara y despeina, una brisa que por lo que veo trae pedazos de nostalgias, aromas que he querido olvidar y no puedo, hay cierta brisa fría y seca que rebota en la cara y me deja mudo, pensativo y ciego. Hay nostalgias que se enredan en el cabello y susurran al oído y empiezan a llorar. Hay vitrinas en la mente que anudan la garganta, promesas en susurro que ya no se entienden. Hay nostalgia que traen los vientos, nuevas bocas, nuevas pieles y gemidos, nuevas voces, besos, pieles, ropas en el suelo, hay nostalgias que no comprendo, hay nostalgias que entiendo, que deseo asesinar con mi ceño de angustia, hay nuevas voces que ya serán nostalgias, lo entiendo, hay una nueva brisa, fría, tosca, espesa que despeina mi mundo y tiemblo, hay nostalgias que en definitiva, no quiero.

Plenitud

Hay un momento en nuestras vidas en que no nos conocemos a nosotros mismos, nos negamos, escondemos los miedos para parecer valientes pero en realidad somos cobardes de nosotros mismos, hay un momento en nuestras vidas en que nos encontramos pero seguimos negándonos, seguimos engañando a nuestra propia mente, a nuestro propio espejo, a nuestra propia voluntad y humanidad inclusive. Hay un momento en nuestras vidas en que negamos amar, odiar, negamos la debilidad de nuestras rodillas para sostenernos y nuestro mayor bastón es la furia con que nos abalanzamos sobre los demás. Hay un momento en nuestras vidas en el que se nos aclara la mente y pensamos en los años de engaño en los que nosotros mismos nos hemos sumergido, ese momento en donde las sonrisas son escasas pero sinceras, el llanto es escaso pero preciso, la mente está tan lúcida que parece una película con final feliz, un momento donde ya no hay tiempo y espacio para quejarse de las sombras que nos acecharon en el pasado. Hay un momento en nuestras vidas que amarás con plenitud.

Frío noviembre

Carlos de apenas doce, caminaba con desdén arrastrando un dedo sobre las tapias con texturas de cárcel, sobre los frentes de casa de enrejados con óxido viejo, de esos que dejan caer un polvo naranja que se pega hasta lo más profundos de las fisuras de su huellas dactilares, cada cuanto alzaba la mirada hasta el corredor de las casas esperando un milagro, alguna limosna, algún pedazo de pan, en una ocasión se encontró con un gato sentado sobre una vieja banca de madera rojiza, un gato blanco con un collar más caro que toda su ropa y trapos juntos, parecía de yeso, él creyó un buen rato que era de mentiras hasta el momento en que las pupilas del felino se dilataron al punto de dar miedo y corrió, en otra ocasión vio a una viejita de pelo canoso, embebida entre doscientas matas que decoraban un corredor de piso de ocre rojo,parecía para ella que el tiempo se había detenido y como no se movió Carlos ésta vez se iba convencido de que la señora era de yeso, que era de mentiras. Cuando bajaba su mirada veía salirse de su zapato un dedo gordo, un dedo inquieto que le recordaba la ausencia de calcetines y el sudor que hacía ampollas entre su piel el cuero del zapato. A media tarde en este noviembre sus brazos comenzaban a erizar los vellos de sus brazos y el cuello, su camiseta que tenía desde los nueve ya le quedaba chica, el frío de noviembre se colaba por toda su pubertad, deseaba tener barba y la contextura de un adulto para poder soportarlo, con su dedo rojizo por el óxido plomo, su camisa estrecha como sus tripas, sus zapatos pesados de una o dos tallas más de la suya, siguió su camino durante unas siete cuadras más, con la esperanza de encontrar a gente que no estuviera petrificada en sus corredores, o una puerta abierta, o una cena y por qué no, una con la esperanza de un milagro, de una adolescencia digna.

niño

Quiero verte

Hoy quiero verte y esperar con ansias en aquella parada de autobús, empapado por la lluvia mañanera, quiero observar tu caminar a lo lejos y tus ansias de abrigo. Hoy quiero verte y perderme entre la dulzura de tus gestos mezclados con las revoluciones de mi pecho. Hoy quiero verte y recordar nuestro primer beso, nuestro primer abrazo, ese que nos llevó hasta aquí, tantos años después. Quiero verte y enamorarme de nuevo, más profundamente, así de sencillo y esperarte aunque sea debajo de esta lluvia mañanera.

Olor a tarde de invierno

La lluvia llega y golpea con un incesante goteo sobre el techo
como cuando las señoras despiden un ¡upe! frente a la puerta
golpeando sin cansarse, agobiando la mente y el descanso de domingo
quiere entrar para espolvorear nuestras mentes
para despertarnos del letargo del polvo color de los caminos áridos de marzo
quiere entrar para tomar un café
la aridez nos carcome las neuronas
y las primeras lluvias las despierta, las reaviva
con recuerdos
arrepentimientos
con nostalgia
esa que trae el olor a tierra mojada

No quiero morir

Si morir es descansar en paz
no quiero morir
es un sin sentido
amo que me duelan los pies y los huesos
amo la esbelta sensación de frío en la piel, en sus vellos
amo trasnochar y dar vueltas en la cama
intranquilo, con miedo
amo el caos de mi mente, de mis sueños
amo la desnudez de la espalda
el olor de tu cuello
cerrar mis ojos y respirar eterno
no quiero morir para vivir en paz
esa paz aburrida, de muerto, de nubes
esa paz sin pies adoloridos
sin cobijas, sin sexo
esa paz de avión, lejana, de allá arriba, del cielo
si morir es ganar esa paz, no la quiero
yo quiero la paz de aquí, la paz del suelo.